Una reflexión ante los símbolos universitarios

Una reflexión ante los símbolos universitarios
Por. Doctorante Carlos M Cervantes Hernández

El mundo de comunicación es extenso, y a adquiere importancia en el ámbito universitario. La gran influencia anglosajona del tratamiento empresarial en los espacios educativos, han generado la desaparición o el mal empleo de algunos signos, que reflejan el carácter  no tangible de la identidad en la institución educativa.

Me refiero a los símbolos “Cada lengua es portadora y trasmisora de significados. Como cada lenguaje simbólico vive inmerso en la tensión entre la denominación y lo denominado”[1].

Para Oesterreicher-Mollwo mientras que las unidades lingüísticas (como, por ejemplo, la palabra) son simplemente asignadas al correspondiente objeto con ellas pensado, el símbolo liga la denominación y lo denominado tan estrechamente como sea posible.

En algunas épocas -principalmente en la concepción mítico-mágica del mundo-, esta unión era tan estrecha que podía hablarse de una identidad.

“Numerosos significados entendidos hoy como meros símbolos, originariamente eran manifestaciones directas de realidades; así, por ejemplo, el sol no era símbolo de la luz divina, sino él mismo un dios; la serpiente no simbolizaba el mal, sino que ella misma era mala; el color rojo no constituía meramente un símbolo de la vida, sino que él mismo era fuerza vital. Los límites entre concepción mítica o mágica y pensamiento simbólico son, pues, difíciles de establecer”[2].

De acuerdo al mismo Oesterreicher-Mollwo  otra peculiaridad más del símbolo como portador de significados es su gran ambigüedad significativa, que puede llegar hasta el extremo de que significaciones de hecho opuestas, se reúnan en un solo símbolo.

Mientras que nosotros podemos desmembrar o reducir la polivalencia de signos lingüísticos hablados o escritos mediante la adición de otros signos y el respeto de las reglas gramaticales; sólo podemos traducir la pluralidad de significados de cada símbolo de una manera vaga o incompleta mediante descripciones del contexto o contextos en que se encuentran: la riqueza significativa de la imagen simbólica permanece a fin de cuentas, a simple vista intraducible, pero sólo en un estudio exhaustivo se encontrará el significado del mismo, ya que cada elemento simbólico en su propio referente tendrá un significado específico e intencional.

“La persona que se ocupa del estudio de los símbolos tiene que habérselas con estas dos dificultades mencionadas. El concepto «símbolo» se ha entendido en sentido amplio, pero no ha podido dedicársele la atención debida a las alegorías y a los signos.

Se han tenido principalmente en cuenta «antiguas» concepciones simbólicas que han permanecido o permanecen aún vivas, a lo largo de milenios, en los diferentes pueblos”[3].

Recalca Oesterreicher-Mollwo: es evidente que cada forma de conocimiento adopta el método de expresión que le es más cercano, por ejemplo las ciencias exactas, se expresan en términos matemáticos, las humanas a través de las palabras, también es evidente que cada disciplina tiene una relación totalmente simbiótica en su lenguaje, por lo que el conocimiento de una cierta disciplina presupone necesariamente el estudio de su método de expresión.

Un círculo, para un matemático en una fórmula en donde se emplean signos numéricos tiene una representación de cero, en cambio el mismo círculo en un contexto lingüístico de un poema tendrá el referente de la letra o y en un contexto señalético, el mismo círculo con una línea diagonal encimada significará una prohibición.

“De forma muy sencilla se puede hablar de expresión simbólica, cada vez que un objeto, un sonido, un dibujo, un gesto, evoca una imagen, una realidad que va mucho más allá de su significado inmediato al que se accede con el primer nivel de lectura, por ejemplo: Un hombre primitivo que hubiera querido decir a su compañero que había visto fieras feroces, lo tendría que haber llevado físicamente delante de las fieras, si no, hubiera tenido que inventarse un método de expresión simbólico aunque fuera sencillo, un sistema de comunicación que evocara una realidad que no fuera perceptible físicamente, es decir que hubiera tenido que nombrar a las fieras y así inventar un sistema convencional de sonido que simbolizara el objeto en cuestión”[4].

Menciona Oesterreicher-Mollwo probablemente el lenguaje nació precisamente de esa manera, si el mismo hombre no hubiera querido o podido hablar hubiera tenido que adoptar otro tipo de código simbólico, como por ejemplo el dibujo.

Fue precisamente por la progresiva estilización de estos dibujos lo que hizo nacer la escritura; esta última, no es más que un sistema simbólico constituido de signos que evoca sonidos que a su vez evocan realidades concretas y abstractas que llevadas a una aceptación colectiva se transforman en idiomas y así se establecen reglas y normas, en la linguística aparece la gramática y la fonética y en las visuales se busca establecer una retórica.

“Así pues, ya hemos explicado la definición general del símbolo, pero se trata de una definición todavía demasiado genérica para nuestros objetivos, hagamos pues paso adelante y consideremos que cuando se utiliza el lenguaje incluso en la vida común se ponen en marcha dos mecanismos distintos: El primero es lógico, y pone en movimiento el hemisferio izquierdo del cerebro, sede de la racionalidad en el ámbito del proceso lógico que comprende el significado de las frases a través del análisis de las relaciones existentes entre las palabras pronunciadas.

Por ejemplo: Si pronuncia la frase “la casa es roja”, la parte del cerebro que se ocupa del análisis lógico examina los términos por separado y recoge la relación que existe entre ellos, comprendiendo que se está definiendo el color de una cierta construcción”[5].

Citando este ejemplo tendríamos que tener en cuenta que el significado de casa o construcción es algo que se comparte en un grupo social, es decir, aquella construcción que acoge o guarda al ser humano para su protección es denominada casa, así como aquel color con características ya definidas y que se ha denominado como color rojo establecerían el significado de la frase que la gente entiende como tal.

Establece Oesterreicher-Mollwo  el segundo mecanismo en cambio, que está basado en las asociaciones libres del inconsciente y está dirigido por el hemisferio derecho del cerebro, sede de las emociones, de las fantasías,  las palabras por separado de la frase, “la casa es roja”, evocan una serie infinita, variable según la persona que las utilice, de imágenes concatenadas, por lo que la palabra “casa” se podría asociar a los conceptos de hogar domestico, calor, protección, familia o al contrario, muros, encierro, prisión, opresión.

De acuerdo a este concepto en el hemisferio derecho, los términos de significado de la oración se establecen, es decir, lo que para cada persona significa el concepto de casa y de color rojo.

“La expresión simbólica puede considerarse una forma de comunicación que favorece el mecanismo asociativo respecto al lógico, esta definición entre otras cosas descubre una importante diferencia existente entre el lenguaje normal y el simbólico, actúan sobre planos completamente distintos, estos resultan todavía más evidentes si se piensa en la modalidad formal con la que se manifiestan las dos formas de comunicación,  el lenguaje normal prefiere el análisis y  el simbólico la síntesis”[6].

Oesterreicher-Mollwo  determina que para entender mejor este concepto es suficiente pensar en el “símbolo adquirido por los cristianos – la Cruz” que encierra en si mismo una gran cantidad de significados; sacrificio, muerte, resurrección, redención, encarnación. Si se quiere expresar el mismo número de conceptos con las palabras, se necesitaría todo un discurso, precisamente gracias a su síntesis, el símbolo demuestra el método más práctico e inmediato para trasmitir una gran cantidad de conceptos profundos que serían largos y difíciles de desentrañar en palabras.

La universidad por si mismo es un símbolo que debería encerar en su significado el de promover, difundir y generar conocimiento a un nivel científico. No es de extrañarnos que las universidades que han asumido esta postura tienen el mayor reconocimiento a nivel social.

Pero esta tarea no es fácil, cuando estas se rodean de pensamiento tecnócratas en donde su preocupación se encamina a la búsqueda e incremento de utilidades. Y no es que estos dos conceptos estén divorciados de origen, si no más bien carentes de orientación.

Si se entiende la promoción desde su entorno etimológico promovēre nos encontraríamos en un amplio terreno semántica en donde la definición estaría en los ordenes de iniciar o impulsar una cosa o un proceso, procurando su logro. Y el de levantar o elevar a alguien a una dignidad o empleo superior al que tenía. Pero como promover el conocimiento cuando no se es capas de reconocer en el otro los logros alcanzados. Se cuestiona mucho el grado académico que pareciese contradecir el discurso mercantil propuesto por las instituciones universitarias. Entre sus miembros directivos pocos sustentan un grado arriba que el que se promueven. Su poca o nula experiencia en la generación de conocimientos es evidente. Solo ay que preocuparse por no desviar recursos al pago de nomina que aumenta sustancialmente si se cuenta con una plantilla de maestros y doctores. Y que pensar de tiempos completos y de medios tiempos esto no es costeable para a institución.

Por otra parte si se apunta al significado de la universidad como difusora de conocimientos, estaríamos asumiendo que en su interior establece estructuras que le permitan relacionarse con todas aquellas actividades en las cuales el conocimiento se desenvuelve. Algunas instituciones han intentado desarrollar estos canales. Un claro ejemplo a sido la creación de publicaciones internas como revistas boletines entre otras, pero se han olvidado de su carácter significativo de veracidad, es decir el medio por si solo no otorga el carácter semántica por si mismo. Un medio impreso se valida por su comité editorial, los escritores colaboradores, es el hombre mismo y su recorrido en esta circunstancia el académico el que a adquiriendo significado y reconocimiento social.

La generar conocimiento es quizás una de las tareas más olvidadas de casi todas las Universidades, al no contar con una plantilla de investigadores (maestros y doctores) que hayan profundizado en los conocimientos de sus aras, es casi imposible el desarrollo de líneas de investigación. No es de extrañarse que la mayoría de universidades viven del conocimiento que genera la máxima casa de estudios de nuestro país.

Las Universidades han ido perdiendo su significado, el significado de los símbolos es dado por el hombre, el objeto por si mismo caréese de significado, es nuestra decisión si continuamos degradando esté. Mas es de entender que las funciones que deberían ser asumidas por las Universidades y que son necesarias para una comunidad se darán dentro o fuera de ellas, devaluando el valor significativo de la Universidad.

Referencias

González Torres Luís Ignacio La imagen como elemento de comunicación Ed. Uam-Azcapozalco México. 1995.

Oesterreicher-Mollwo Herder Lexikon symbole Verlag Herder Feriburg im Bresigau 1978.

Lévi-Strauss Claude., Mito y Significado, Ed. Alianza Editorial, México 1989.


[1] Oesterreicher-Mollwo Herder Lexikon symbole Verlag Herder Feriburg im Bresigau 1978. p. 5

[2] Ibid., p. 5

[3] Ibid., p. 5

[4] Ibid., p. 6

[5] Ibid., p. 6

[6] Ibid., p. 6

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One Response to Una reflexión ante los símbolos universitarios

  1. RiffMoftMox says:

    necesidad de comprobar:)

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